Catecismo
TEMA 8º
LA VIDA EN CRISTO
LA VOCACIÓN DEL HOMBRE: LA VIDA DEL
ESPÍRITU
LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA
EL HOMBRE IMAGEN DE DIOS. VOCACIÓN
A LA
BIENAVENTURANZA
(N. 1691-1789 Y 1716-1724.
Resúmenes 1710-1715 y 1725-1729)
1. La vida en Cristo
2. El hombre, imagen de Dios
3. Las bienaventuranzas
4. El deseo de felicidad
5. La bienaventuranza cristiana
La vida en Cristo:
Los cristianos, reconociendo en la fe su
nueva dignidad, son llamados a llevar en adelante una «vida digna del
Evangelio de Cristo». Por los sacramentos y la oración reciben la gracia
de Cristo y los dones del Espíritu que les capacitan para ello".
El cristiano está invitado a ser perfecto
como el Padre celestial es perfecto, siguiendo a Cristo y viviendo en el
amor.
Llamados a una vida santa los cristianos
son iluminados y fortalecidos por el Espíritu Santo.
"El camino de Cristo «lleva a la vida»,
un camino contrario «lleva a la perdición» (Mt 7, 13). La parábola
evangélica de los dos caminos está siempre presente en la Catequesis de
la Iglesia. Significa la importancia
- Del Espíritu Santo: dulce huésped del
alma.
- De la gracia: por la gracia las obras
dan fruto de vida eterna.
- De las bienaventuranzas: el camino de
Cristo se resume en las biena ven turanzas
- Del pecado y del perdón: "porque sin
reconocerse pecador, el hombre no puede conocer la verdad sobre sí
mismo, condición del obrar justo, y sin el ofrecimiento del perdón no
podría soportar esta verdad".
- De las virtudes humanas: que hace
captar la belleza de las' rectas disposiciones para el bien.
- De las virtudes cristianas, fe,
esperanza y caridad, que se inspire ampliamente en el ejemplo de los
Santos.
- Del doble mandamiento de la caridad:
desarrollado en el Decálogo.
- Ec1esial: en la comunión de los Santos
crece la vida cristiana.
"La referencia primera y última de esta
catequesis será Jesucristo, que es «el camino, la verdad y la vida» (ln
14, 6)".
El hombre, imagen de Dios:
La imagen divina está presente en todo
hombre. Dios ama a la persona humana por sí misma y la destina a la
bienaventuranza eterna.
El hombre mediante su razón escucha la
voz de Dios que le impulsa. a hacer el bien y evitar el mal. La
inteligencia humana es como un chispazo de la sabiduría divina.
"En virtud de su alma y de sus potencias
espirituales de entendimiento y voluntad, el hombre está dotado de
libertad, signo eminente de la imagen divina".
El hombre sucumbió a la tentación del
Maligno. "Conserva el deseo del bien, pero su naturaleza lleva la herida
del pecado original. Ha quedado inclinado al mal y sujeto al error".
La gracia que Cristo nos ganó con su
pasión restaura en nosotros lo que el pecado había deteriorado. El
discípulo de Cristo, ayudado por la gracia, es capaz de llevar una vida
moral recta que culmina en vida eterna, en la gloria del cielo.
Las bienaventuranzas:
"Las bienaventuranzas están en el centro
de la predicación de Jesús". En ellas Jesús perfecciona y eleva las
promesas hechas por Dios al pueblo elegido desde Abraham ya no solo se
trata de poseer una tierra, sino el Reino de los cielos: Mt 5, 3-12.
l. "Bienaventurados los pobres de
espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
2. Bienaventurados los mansos, porque
ellos poseerán en herencia la tierra.
3. Bienaventurados los que lloran, porque
ellos serán consolados.
4. Bienaventurados los que tienen hambre
y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
5. Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
6. Bienaventurados los limpios de
corazón, porque ellos verán a Dios.
7. Bienaventurados los que buscan la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
8. Bienaventurados los perseguidos por
causa de justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
9. Bienaventurados seréis cuando os
injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra
vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa
será grande en los cielos".
Las bienaventuranzas nos sostienen en la
esperanza en medio de las tribulaciones y anuncian bendiciones y
recompensas ya incoadas que se han cumplido en la vida de la Virgen
María y de todos los santos.
El deseo de felicidad:
"Las bienaventuranzas responden al deseo
natural de felicidad. Este deseo es de origen divino: Dios lo ha puesto
en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia El, el único que lo
puede satisfacer".
La bienaventuranza cristiana:
El Nuevo Testamento utiliza varias
expresiones para dar a conocer la bienaventuranza a la que Dios llama al
hombre:
- La llegada del Reino de Dios
- La visión de Dios
- La entrada en el gozo del Señor
- La entrada en el descanso de Dios
La bienaventuranza nos hace participar de
la naturaleza divina, que ya gozamos en cierta medida por la gracia, y
de la vida eterna. El hombre entra así en el gozo de la vida trinitaria.
Es una bienaventuranza sobrenatural
porque supera nuestra inteligencia y porque es fruto del don gratuito de
Dios.
"La bienaventuranza prometida nos coloca
ante opciones morales decisivas. Nos invita a purificar nuestro corazón
de sus malvados instintos y a buscar el amor de Dios por encima de todo.
Nos enseña que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o el
bienestar, ni en la gloria humana o el poder, ni en ninguna obra humana,
por útil que sea, como las ciencias, las técnicas y las artes, ni en
ninguna criatura, sino sólo en Dios, fuente de todo bien y de todo
amor".
RESUMEN:
1. "Cristo manifiesta plenamente el
hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación".
2. La persona humana está dotada de alma
espiritual, de entendimiento y voluntad, está desde su concepción
ordenada a Dios y destinada a la bienaventuranza eterna.
3. El hombre debe seguir la ley moral que
resuena en su conciencia y que le manda hacer el bien y evitar el mal.
4. El hombre, herido en su naturaleza por
el pecado original, está sujeto al error e inclinado al mal en el
ejercicio de su libertad.
5. La vida moral, desarrollada y madurada
en la gracia, alcanza su plenitud en la gloria del cielo.
6. Las bienaventuranzas nos enseñan el
fin último al que Dios nos llama: el Reino, la visión de Dios, la
participación en la naturaleza divina, la vida eterna, la filiación, el
descanso en Dios.
7. La bienaventuranza de la vida eterna
es un don gratuito de Dios.
8. El deseo de alcanzar la
bienaventuranza del cielo determina los deseos de los bienes terrenos y
les da su auténtico valor.