Catecismo
TEMA 29º
LAS
VIRTUDES
(N. 1803-1832. Resúmenes 1833-1845)
“La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien. Permite a la
persona no sólo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma”.
1. Las
virtudes humanas
2. Las
virtudes teologales
3. Dones y
frutos del Espíritu Santo
Las virtudes humanas:
Las virtudes humanas son disposiciones estables que habitualmente nos inducen
a actuar moralmente bien. Se adquieren mediante el esfuerzo de repetir actos
buenos.
“Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena.
El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien”.
A) Distinción de
las virtudes cardinales: “Cuatro virtudes desempeñan un papel fundamental. Por
eso se llaman <<cardinales>>;
todas las demás se agrupan en torno a ellas”.
1. La
prudencia: “Es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en
toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para
realizarlo”. La prudencia da la recta medida a las otras virtudes sin quedarse
corto por miedo o en exceso por vanidad. Gracias a la prudencia somos capaces
de aplicar los principios morales generales a los casos particulares que se
nos presentan.
2. La
justicia: “Es la virtud moral que consiste en la constante y firme
voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido. La justicia para con
Dios es llamada <<la virtud de la
religión>>”. La justicia dispone a
respetar los derechos de cada uno y a promover la equidad, el bien común y la
paz.
3. La
fortaleza: “Es la virtud moral que asegura en las dificultades la
firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de
resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral”. Nos
hace capaces de superar todo temor, incluso el de la muerte, con tal de
defender una causa justa o rechazar un mal cierto.
4. La
templanza: “Es la virtud moral que modera la atracción de los placeres
y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados”. La templanza es
moderación y sobriedad en los placeres y no permite que los instintos
sensibles nos dominen.
B) Las virtudes
y la gracia: Con la ayuda de Dios las virtudes humanas son purificadas y
elevadas, “forjan el carácter y dan soltura en la práctica del bien. El hombre
virtuoso es feliz al practicarlas”. Herido por el pecado, al hombre le cuesta
ser feliz en la virtud, por eso necesita de la gracia para superar ese
desequilibrio moral.
Las virtudes teologales:
“Las virtudes humanas se arraigan en las virtudes teologales que adaptan las
facultades del hombre a la participación de la naturaleza divina. Las virtudes
teologales se refieren directamente a Dios. Disponen a las cristianos a vivir
en la relación con la Santísima Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto
a Dios Uno y Trino”.
Son tres: la fe, la esperanza y la caridad. “Son infundidas por Dios en el
alma de los fieles para hacerlos capaces de obrar como hijos suyos y merecer
la vida eterna”.
a) La fe: “Es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que
El nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es
la verdad misma”.
“Por la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios”.
“El don de la fe permanece en el que no ha pecado contra ella. Pero la fe sin
obras está muerta: privada de la esperanza y de la caridad, la fe no une
plenamente el fiel a Cristo ni hace de él un miembro vivo de su Cuerpo”.
No basta tener fe hay que defenderla y difundirla. El cristiano debe ser
apostólico todos los instantes de su vida. Su testimonio de fe es necesario
para la salvación: “Todo (...) aquel que se declare por mí ante los hombres,
yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a
quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está
en los cielos”. (Mt 10, 32-33)
b) La esperanza: “Es la virtud teologal por la que aspiramos al reino de los
cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza
en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los
auxilios de la gracia del Espíritu Santo”.
La esperanza purifica los anhelos de felicidad, dirigiéndolos hacia metas
altas y ayuda a vencer el desaliento.
Modelo de esperanza es Abraham que “esperando contra toda esperanza, creyó y
fue hecho padre de muchas naciones”. (Rom 4, 18)
“Las bienaventuranzas elevan nuestra esperanza hacia el cielo como hacia la
nueva tierra prometida; trazan el camino hacia ella a través de las pruebas
que esperan a los discípulos de Jesús”.
La esperanza cristiana nos impulsa a mantener el combate de la salvación, nos
mantiene alegres y se alimenta en la oración.
“Podemos, por tanto, esperar la gloria del cielo prometida por Dios a los que
le aman y hacen su voluntad”. Pues Él nunca falla y cumple sus promesas.
c) La caridad. “Es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas
las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de
Dios”.
Jesús hace de la caridad el mandamiento nuevo y advierte a sus discípulos que
todos vendrán a la fe por el testimonio de su amor mutuo.
“Cristo murió por amor a nosotros cuando éramos todavía enemigos. El Señor nos
pide que amemos como Él hasta a nuestros enemigos, que nos hagamos prójimos
del más lejano, que amemos a los niños y a los pobres como a Él mismo”.
“La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es
jactanciosa, no se engríe, es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no
toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.
Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera todo lo soporta” (1 Co 13, 4-7).
Sin caridad “nada soy”, “nada me aprovecha”.
“La caridad es superior a todas las virtudes. Es la primera de las virtudes
teologales: <<Ahora subsisten la fe, la
esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad>>.
(1 Co 13, 13)
Todas las virtudes han de estar animadas por la caridad. “La caridad asegura y
purifica nuestra facultad humana de amar. La eleva a la perfección
sobrenatural del amor divino”.
El amor hace que nuestra vida de relación con Dios sea como la de un hijo con
su Padre que quiere siempre agradarle de modo desinteresado.
“O nos apartamos del mal por temor del castigo y estamos en la disposición del
esclavo, o buscamos el incentivo de la recompensa y nos parecemos a
mercenarios, o finalmente obedecemos por el bien mismo del amor del que manda
(...) y entonces estamos en la disposición de hijos” (San Basilio Magno).
Como frutos de la caridad tendremos el gozo, la paz y la misericordia.
Dones y frutos del Espíritu Santo:
“La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu
Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para
seguir los impulsos del Espíritu Santo”.
Los siete dones del Espíritu Santo son: “sabiduría, inteligencia, consejo,
fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios”.
“Los frutos del Espíritu Santo son perfecciones que forma en nosotros el
Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia
enumera doce: <<caridad, gozo, paz,
paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia,
continencia, castidad>> (Ga 5, 22-23)”.
RESUMEN:
1. “La virtud es una disposición habitual y firme para
hacer el bien”.
2. “Las virtudes humanas son disposiciones estables del entendimiento y de la
voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra
conducta según la razón y la fe. Pueden agruparse en torno a cuatro virtudes
cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza”.
3. “La prudencia dispone la razón práctica para discernir, en toda
circunstancia, nuestro verdadero bien y elegir los medios justos para
realizarlo”.
4. “La justicia consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al
prójimo lo que les es debido”.
5. “La fortaleza asegura, en las dificultades, la firmeza y la constancia en
la práctica del bien”.
6. “La templanza modera la atracción hacia los placeres sensibles y procura la
moderación en el uso de los bienes creados”.
7. “Las virtudes morales crecen mediante la educación, mediante actos
deliberados y con el esfuerzo perseverante. La gracia divina las purifica y
eleva”.
8. “Las virtudes teologales disponen a los cristianos a vivir en relación con
la Santísima Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto a Dios.
9. Las virtudes teologales son tres: la fe, la esperanza y la caridad.
10. “Por la fe creemos en Dios y creemos todo lo que Él nos ha revelado y que
la Santa Iglesia nos propone como objeto de fe”.
11. “Por la esperanza deseamos y esperamos de Dios con una firme confianza la
vida eterna y las gracias para merecerla”.
12. “Por la caridad amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo
como a nosotros mismos por amor de Dios. Es el vínculo de la perfección y la
forma de todas las virtudes”.
13. “Los siete dones del Espíritu Santo concedidos a los cristianos son:
sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de
Dios”.